Chiesa Domenico e Sisto
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Quirinal
Orazio Torriani 1654
Proyecto realizado
41.895952, 12.487770

Las escalinatas monumentales de Roma no son únicamente elementos funcionales: constituyen instrumentos urbanos y litúrgicos que articulan topografía, fachada y ritualidad. La scalinata que conduce a la chiesa dei Santi Domenico e Sisto, en el Quirinal, es un ejemplo paradigmático de cómo el Barroco romano empleó la escalera como dispositivo escénico y simbólico.

 

La iglesia de los Santi Domenico e Sisto ocupa un emplazamiento con antecedentes medievales (Santa Maria a Magnanapoli), y su construcción se desarrolló a lo largo de casi un siglo a partir de 1569 bajo la iniciativa del papa Pío V y la intervención sucesiva de distintos arquitectos: Giacomo della Porta (plan inicial), Nicola Torriani (parte inferior) y, en las fases finales, Vincenzo della Greca (y su hijo Felice) en la elevación de la fachada barroca. La escalera exterior, la amplia scalinata de acceso en doble rampa que culmina en una terraza elíptica ante la fachada, fue construida en la década media del siglo XVII y se atribuye en las fuentes a Orazio Torriani en 1654, si bien las variantes formales curvas y la resolución en terrazas se asocian también a la intervención de los della Greca; en síntesis, la escalinata responde a un proceso compositivo colectivo propio de las obras romanas de largo periodo.

 

El emplazamiento sobre el Quirinal condiciona la necesidad de articular un acceso que salve el desnivel entre la cota de la calle y la plataforma de la iglesia. Más allá de la mera respuesta física al desnivel, la scalinata proyecta la iglesia hacia el espacio urbano: crea un proscenio que domina la plaza Largo Angelicum y la torre vecina, la Torre delle Milizie, convirtiendo el acceso en un recorrido teatralizado. En el contexto barroco, la escalera exterior se concibe deliberadamente como “escenario” para la aparición del templo, una puesta en escena progresiva que prepara al fiel y al visitante para el umbral sagrado, y como mediadora entre lo público y lo religioso. Estudios sobre escaleras monumentales destacan esta doble función utilitaria y representativa, como rasgo recurrente de la arquitectura ceremonial.

 

La scalinata de Santi Domenico e Sisto se organiza en dos rampas convergentes que desembocan en una terraza de planta aproximadamente elíptica frente a la fachada; esta disposición crea una composición en abanico y un foco visual que enmarca la fachada barroca. La geometría curva suaviza la circulación y, desde el punto de vista compositivo, produce efectos de contrapposto visual que enfatizan la verticalidad del edificio. En cuanto a materiales, las escalinatas exteriores romanas del siglo XVII emplearon casi sistemáticamente materiales locales duraderos, para responder tanto a la resistencia como a la policromía del conjunto; la textura y el desgaste del travertino contribuyen además a la legibilidad de la escalera como elemento histórico. Las fuentes turísticas y los inventarios arquitectónicos describen la escalera como de tradición travertínica barroca y la vinculan formalmente con otras realizaciones romanas coetáneas.

 

En la semiótica de la arquitectura sacra, la escalera suele ser metáfora de ascenso espiritual: el movimiento vertical expresa elevación moral y orienta el comportamiento ritual. En el Barroco esta metáfora se explota teatralmente: la subida se transforma en progresión ceremonial hacia el espacio litúrgico. Además, las escalinatas exteriores cumplen un papel de exhibición de poder ,del patronato eclesiástico o monástico, y de legitimación urbana. En el caso de Santi Domenico e Sisto, la escalera actúa simultáneamente como vía de acceso monástico/estudiantil; ya que la iglesia funciona como chiesa universitaria del Angelicum, y como fachada pública que participa en el circuito visual del Quirinal. Investigaciones sobre la función social de las escaleras monumentales subrayan ese vínculo entre representación y uso práctico.