Bosco Parrasio
DE LA NATURALEZA
Academia dell´a Arcadia
Antonio Canevari, Nicola Salvi 1726
Proyecto realizado
41.8894334, 12.4649227

El Bosco Parrasio, situado en las laderas del monte Gianicolo en Roma, constituye uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura de jardines en la primera mitad del siglo XVIII. Concebido como sede estable de la Accademia dell’Arcadia, el conjunto sintetiza las aspiraciones literarias, filosóficas y estéticas de una época de transición entre el Barroco tardío y los inicios del Neoclasicismo. Su creación, atribuida a Antonio Canevari con la colaboración de Nicola Salvi, revela la capacidad de la arquitectura romana para traducir ideales poéticos en forma construida, integrando paisaje, topografía y simbolismo.

En 1725, gracias a una donación de Juan V de Portugal, la institución adquirió un terreno en el Gianicolo y encargó su transformación al arquitecto Antonio Canevari, académico de San Luca y figura destacada de la arquitectura romana del momento. Su discípulo, Nicola Salvi, participó en el diseño, aportando soluciones escenográficas y formales. El proyecto se completó en 1726, año de su inauguración oficial, y desde entonces el Bosco Parrasio se consolidó como sede simbólica y material de la Arcadia.

El proyecto del Bosco Parrasio se adapta al fuerte desnivel del Gianicolo mediante un sistema de tres terrazas ascendentes unidas por escalinatas y rampas. Esta disposición, inspirada en la tradición de los jardines en pendiente de Roma, articula un recorrido simbólico que culmina en la terraza superior, donde se sitúa un anfiteatro al aire libre. Allí se celebraban lecturas poéticas, asambleas y representaciones pastoriles, transformando la naturaleza en escenario y la arquitectura en soporte de la palabra.

La palazzina que preside el teatro actúa como una fachada escenográfica concava, con pilastras, nichos y un orden clasicista que ya anuncia la sobriedad neoclásica. En el nivel intermedio, una gruta artificial y fuentes evocan el mito arcádico y la fusión entre arte y naturaleza. Finalmente, en el nivel inferior, se ubican las dependencias de archivo y un edificio de servicio ,el llamado Serbatoio, remodelado posteriormente por Giovanni Azzurri en 1838 con una fachada de exedra.

El diseño de Canevari combina rigor geométrico con sensibilidad teatral. La escalera principal, inspirada en la de Trinità dei Monti, refuerza la monumentalidad del acceso, mientras que la vegetación y las esculturas antiguas o alegóricas completan el discurso visual. Este conjunto, como ha señalado Díaz, representa un modelo híbrido entre el jardín barroco escenográfico y el jardín simbólico de la Ilustración.

La autoría compartida del Bosco Parrasio permite analizar el encuentro de dos lenguajes arquitectónicos. Antonio Canevari (1681–1764), formado en Roma y activo en Nápoles y Lisboa, es un arquitecto de transición, atento a las proporciones clásicas y a la claridad estructural. Su influencia se percibe en la organización de las terrazas y la jerarquización de los espacios. Nicola Salvi (1697–1751), más joven y conocido por la Fontana di Trevi, aportó en cambio una sensibilidad escénica.

 

El resultado es una síntesis donde la razón constructiva de Canevari se equilibra con el pathos escenográfico de Salvi. Ambos reinterpretan el ideal arcádico de simplicidad y naturalidad mediante una arquitectura que es al mismo tiempo racional y poética, ordenada y teatral.

En la Roma del siglo XVIII, el jardín se convirtió en un espacio de representación cultural y de sociabilidad. La ciudad heredaba la tradición barroca de grandes villas como la Villa Borghese o la Villa Corsini, caracterizadas por ejes visuales, fuentes monumentales y esculturas alegóricas. No obstante, en el cambio de siglo comenzó a imponerse una estética más neoclásica y sentimental, en la que el jardín pasaba de ser símbolo de poder a escenario de contemplación.

Su función no fue meramente ornamental, sino institucional y simbólica. El jardín encarnaba los valores de la Arcadia, equilibrio, razón, naturaleza idealizada, y materializaba la aspiración de la academia de construir un “espacio del pensamiento” dentro del paisaje romano. En este sentido, el Bosco Parrasio anticipa las concepciones ilustradas del jardín como espacio de sociabilidad y reflexión, que se consolidarán en Europa en la segunda mitad del siglo XVIII. Tras su inauguración el 9 de septiembre de 1726, el Bosco Parrasio se convirtió en sede de las reuniones de los pastores arcádicos. En sus terrazas se celebraron lecturas, juegos poéticos y ceremonias conmemorativas. Sin embargo, durante el siglo XIX el lugar sufrió daños, especialmente durante los enfrentamientos de 1849 entre las tropas francesas y la República Romana, y fue posteriormente restaurado. La intervención de Giovanni Azzurri en 1838 dotó al edificio inferior de una nueva fachada, mientras que el jardín superior fue parcialmente replantado.

El Bosco Parrasio es mucho más que un jardín académico: es un artefacto cultural que traduce en piedra y vegetación el imaginario literario de la Arcadia. Su diseño escalonado, su anfiteatro y su arquitectura sobria encarnan el paso del jardín barroco al jardín ilustrado, de la ostentación a la introspección. En comparación con otros jardines contemporáneos, como los Farnesiani, el Ginnasi o el Corsini, el Bosco Parrasio destaca por su escala humana y su función simbólica: no busca deslumbrar, sino inspirar. En su equilibrio entre razón y emoción, entre paisaje y arquitectura, el Bosco Parrasio permanece como un testimonio del poder intelectual del jardín y de la aspiración humana de convertir la naturaleza en espejo del pensamiento.