Escalera Triangular
GEOMETRÍA
Panteón de Agripa
Apolodoro de Damasco 118
Proyecto realizado
41.898949, 12.476765






Es ampliamente conocido que el Panteón fue originalmente construido por Marco Vipsanio Agripa en el año 27 a.C., bajo el mandato del emperador Augusto. Sin embargo, el edificio que hoy conocemos es una reconstrucción llevada a cabo durante el reinado del emperador Adriano hacia el año 125 d.C., tras varios incendios que afectaron a las construcciones anteriores. No obstante, se mantuvo la inscripción original en el friso del pórtico: M.AGRIPPA.L.F.COS.TERTIVM.FECIT (“Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, lo construyó”).
El propósito del edificio no está del todo claro. Aunque su nombre sugiere un templo para “todos los dioses”, no existen registros concluyentes sobre su uso litúrgico.
Si algo condiciona el diseño del Panteón, es su rigurosa geometría y su condición matemática. La esfera es el elemento central que define a esta especie de panóptico cósmico diseñado para conectar el mundo terrestre con la morada de los dioses celestes. El Panteón está dedicado a los siete dioses celestes de la mitología romana: el Sol; la Luna; Marte; Mercurio; Venus, Júpiter y Saturno.
El óculo es la puerta celeste que comunica este mundo con el de los dioses. La orientación del edificio es una muestra de la pericia romana a la hora de planificar con sentido simbólico. La puerta del edificio se orienta hacia el norte y el óculo está especialmente diseñado para que la luz solar entre en el edificio e ilumine el suelo en los equinoccios de Primavera y Otoño. Pero, es más: el haz de luz solar del medio día ilumina la entrada el 21 de abril, día de la fundación de Roma y empieza a recorrer el suelo del templo hasta que deja el suelo el 20 de agosto para habitar en las alturas de la cúpula hasta la llegada de una nueva Primavera.
Era una manera de hacer que los dioses habitaran entre los hombres de manera simbólica al menos unos meses al año y, realzar la figura divinizada del emperador como cabeza de un orden social jerárquico y monolítico. Los emperadores estaban bajo la protección de Apolo, el Sol, y la orientación del templo era parte de un rito de hierofanía, esto es, un acto de manifestación de lo sagrado a través del evento celeste del equinoccio y del aniversario de la fundación de la ciudad.
Los números también tienen un significado simbólico importante. Números que están presentes en el diseño del edificio y en la decoración del mismo. En la tradición aristotélica la esfera es la figura perfecta y cualquier representación del orbe celeste debe ser esférica. La altura del cilindro coincide con el radio. El centro del edificio coincide con el punto inferior de la esfera proyectada desde el final la cúpula hacia el suelo; la altura del cilindro, por lo tanto, es igual al radio de la circunferencia de la cúpula que forma una semiesfera perfecta.
Además, si trazáramos esa esfera perfecta y la encerramos en un cubo, la longitud de sus aristas es de dos radios y si prolongáramos dos líneas desde los puntos en los que el diámetro de la circunferencia toca el fondo de los ábsides hasta el centro del óculo formaríamos un triángulo equilátero perfecto. El Panteón es una oda a la suma pitagórica y su idea de proporción, como representación del orden sobre el caos.
La planta del Panteón se estructura, por tanto, a partir de dos formas fundamentales: el rectángulo y el círculo. El pórtico de entrada, de claras proporciones clásicas, se presenta como una gran exedra rectangular sostenida por columnas corintias. Esta zona, funcional y axial, responde al lenguaje de la arquitectura de la ciudad.
Por contraste, al atravesar el pronaos se accede a un espacio completamente distinto: una gran cella circular cubierta por una cúpula hemisférica perfecta. Una de las características del Panteón es la transición entre el pórtico rectangular a la cella circular. No se trata de una simple yuxtaposición, sino de una conexión dinámica que puede ser entendida como un intersticio que media entre dos formas geométricas fundamentales, y entre el dinamismo urbano y un interior sagrado. En este elemento de conexión, se produce un espacio aparentemente residual en planta, que adquiere una importancia arquitectónica determinante. Se trata de una crujía de transición, con forma trapezoidal en planta, que no solo resuelve el encuentro entre geometrías disímiles, sino que alberga dos escaleras de base triangular que asciende a la cúpula del Panteón.
Estas escaleras trasladan al visitante desde el mundo exterior, lineal y ordenado, al mundo interior, absoluto y celestial, y a la cubierta de la estructura. El visitante asciende, no solo en términos topográficos, sino espirituales, hacia un estado de contemplación, de integración con un orden superior que se manifiesta en la pureza geométrica de la gran cúpula y su óculo, por el que penetra la luz como símbolo del conocimiento divino.